sábado 21 de marzo de 2009

Exito de la XIII Cena de Solidaridad de Acoger y Compartir en Granada




Muchas gracias a todas las personas y entidades que han colaborado de cualquier forma en hacer posible llevar a cabo los Proyectos de Acoger y Compartir para este año 2009.

martes 10 de febrero de 2009

Queridos/as amigos/as de AyC:
Cuaresma siempre es para nosotros un tiempo desafiante. Cuarenta días en los que escuchamos una llamada a no quedarnos en lo hecho, sino a buscar en Dios lo que hemos de hacer. Esa llamada muchas veces nos llega desde los más pobres, desde los que sufren. También este año.
Por eso, a las puertas de la Cuaresma, te invito a la EUCARISTIA que vamos a celebrar el próximo jueves, 12 de Febrero, a las 20:30h. en la iglesia de las Carmelitas Descalzas, Plza. San Juan de la Cruz, s/n GRANADA.
Son varios los motivos de esta oración. Vamos a rezar por la Cena de Solidaridad que en beneficio de los niños de Haití tendremos el próximo 6 de marzo. También quiero rezar con vosotros antes de partir estos días para Haití.
Pero de una manera especial queremos orar por los amigos y amigas que están pasando la prueba del dolor. La sorpresa de la enfermedad y el sufrimiento nos descoloca con frecuencia. Algunos amigos/as de Acoger y Compartir están pasando esa prueba. Vamos a rezar por todos ellos, y especialmente por nuestro amigo PACO DIAZ.
En la Carta de Santiago la Escritura nos dice: “Orad unos por otros para que sanéis” (Santiago 5, 16). A las puertas de esta Cuaresma nos reuniremos para esa oración.
TE INVITAMOS A LA EUCARISTIA
DEL PRÓXIMO JUEVES 12 DE FEBRERO
A LAS 20:30 H
EN LA IGLESIA DE LAS CARMELITAS DESCALZAS
PLZA. SAN JUAN DE LA CRUZ, S/N
GRANADA
Nos vemos allí.
Un abrazo, José Miguel

sábado 7 de febrero de 2009

XIII Cena de Solidaridad Acoger y Compartir GRANADA


Queridos amigos/as de Acoger y Compartir:

Acudimos a vosotros solicitando vuestra solidaridad con la cena Acoger y Compartir que será el próximo 6 de Marzo.
Dada la situación de Haití continuamos colaborando con quienes allí intentan no permanecer pasivos ante tanto sufrimiento.

Este año queremos ayudar a construir UN HOGAR DE ACOGIDA PARA NIÑOS SIN FAMILIA EN LEOGÂNE – HAITI –. Es un proyecto que implica mucho más que el hecho de construir una casa, pero sin ella todo lo demás queda retenido.

Tanto en Níger como en Haití constatamos que los niños son los más vulnerables, pero también quienes encierran más posibilidades de cara a un futuro nuevo. Ellos están siendo los prioritarios en nuestros pequeños proyectos.

Especialmente este año necesitamos más la ayuda de todos vosotros, para que siga siendo posible amar en tiempos de crisis.

No vamos a renunciar a hacer todo lo posible para bien de los que están peor que nosotros. Por eso te pido que nos ayudes a vender el máximo de entradas para la CENA ACOGER Y COMPARTIR. Llenar La Mamunia es nuestro desafío. Pero sabemos que con 40 personas que nos comprometamos a vender cada una 25 entradas estaríamos colaborando a que sea realidad el proyecto de este año.

¿Podemos contar contigo? ¡ESTÁS INVITADO/A! Que ninguna dificultad ahuyente la alegría de hacer el bien.

Para adquirir entradas
Farmacia Morales: Calle San Jerónimo, 13. Granada

Cena AyC en Granada
Fecha y hora: Viernes, 6 de marzo, a las 21:30 horas

Lugar: Salón de Celebraciones "La Mamunia", Otura.

Precio: 35€

Fila Cero: 2031 0001 55 0115338005

viernes 2 de enero de 2009

FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2009


















Señor, hazme un instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga amor;
donde hay ofensa, perdón;
donde hay duda, fe;
donde hay desesperanza, esperanza;
donde hay tinieblas, luz;
donde hay tristeza, alegría.

Oh Divino Maestro,
que no busque yo tanto.
Ser consolado como consolar.
Ser comprendido como comprender.
Ser amado como amar.
porque dando se recibe.
Perdonando se es perdonado.
Y muriendo a si mismo
se nace a la vida eterna.
(San Francisco de Asís)

COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ



MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 ENERO 2009

1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. «Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial»[1].

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado «subdesarrollo moral»[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del «superdesarrollo»[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como «pobres», el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana»[4], se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos [5] y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.

6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)»[6].

Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz»[7]. Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común»[10], cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia»[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Conclusión

14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de «abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido». «Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos»[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres»[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde», escribía León XIII en 1891, añadiendo: «Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo»[18]. Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: «Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando «sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual «combatir la pobreza es construir la paz».

domingo 2 de noviembre de 2008

Encuentro de Comienzo de Curso A y C. La Yedra 31-10 al 2-11-08











Durante este intenso y lluvioso fin de semana en La Yedra (Jaén), hemos comenzado este nuevo curso bajo el lema: "El silencio de la lucha. La fiesta de los frutos".

A propósito del tema del silencio y basado en el material que hemos trabajado en estos dias, me he permitido reproducir el artículo que apareció en la revista "Filosofia" dedicado al libro escrito por Anselm Grün: Elogio del silencio (Sal Terrae, Santander, 2003, pp. 109).
Aunque el autor del libro aquí reseñado nos dice en su introducción que “Una riada de libros sobre el silencio” muestran el deseo de tranquilidad que experimentan muchas personas en nuestra época (p. 9) en realidad son pocos los libros que tratan sobre el silencio. Los que lo hacen abordan dicho tema desde la psicología (“cara” los menos, “barata” los más) o desde lo religioso, como es el caso del presente libro. Anselm Grün es un religioso carmelita residente en la abadía de Münsterschwarzach, nacido en Baviera en 1945. Ha escrito varios libros sobre temas religiosos, que han tenido amplia difusión y han sido traducidos a varios idiomas. En ellos muestra una notable amplitud en el tratamiento de las cuestiones de espiritualidad, donde a menudo incorpora puntos de vista alternos sobre los temas tratados, ya aludiendo a la teología, a la psicología o a la filosofía, sin por ello caer en tecnicismos, ni prescindir de un tratamiento inteligente hasta lo profundo. Por eso, como lo dice una nota editorial, “es capaz de llegar hasta el corazón de la gente con palabras de una asombrosa sencillez”.

El presente libro está dividido en tres partes, con una introducción previa (“La necesidad del silencio”) y una conclusión. Cada una de las partes interpretan el silencio desde distintas perspectivas (1. El silencio como lucha contra las pasiones, 2. El silencio como desprendimiento, 3. El silencio como apertura a Dios). En cada una de ellas el autor muestra un discernimiento penetrante en el tratamiento de un tema tan elusivo como lo es el del silencio, el cual, por su índole insonora, pareciera más bien no prestarse sino a un difícil discurso, que podría ser de carácter fragmentario o aún aforístico (pues no deja de haber cierta contradicción en el hecho de hablar mucho sobre algo que precisamente se define como la ausencia de sonido o habla). Y aunque el silencio es bastante concomitante con la situación humana de soledad, ya el autor en sus primeras páginas nos dice que “el silencio no es ausencia de relaciones sino un tipo de relación” (p. 11). Ya desde el plano espiritual y la disciplina religiosa, el autor ve el silencio no sólo como algo que marca o puede marcar espontáneamente una situación, sino aún más como un trabajo, que como tal requiere esfuerzo. Reconoce que el silencio aporta un ámbito en el cual afloran cosas como una presencia más patente del yo y de sus elementos, así como otras consideraciones que trascienden al yo, y que en el caso religioso apuntan al surgimiento de una mayor y mejor conciencia del ser divino. Al final de la introducción, el autor nos dice que el silencio, como camino espiritual, consta de tres fases: el encuentro consigo mismo, el desprendimiento o liberación, y la unidad con Dios y con uno mismo. La primera fase el la más fácilmente apreciable: basta que estemos solos para que nos demos cuenta de nuestra propia presencia, para que surja la conciencia de nosotros mismos; aparentemente es un momento no muy buscado ni grato para la mayoría de las personas, que tratan de destruir cualquier afloración del yo en el silencio, a veces encadenándose horas en el teléfono, o en la lectura, o en la música o la radio o cualquier cosa que “les distraiga” y les aleje de sí mismos. Ya allí habría mucho de que hablar sobre la razón para temer el acercamiento con nosotros mismos. En cuanto a las otras dos fases, el autor las va explicando a lo largo del libro. Pero, más que una teoría de cómo se desarrolla el silencio, Grün va describiendo los modos en que éste va siendo considerado y usado en la vida para ir alcanzando fines que nos ayudan a vivir mejor.

La primera parte alude a la lucha contra las pasiones. Estas pasiones no son en sí malas, pero deben ser controladas, y en este sentido, buena parte de este segmento está dedicada al tema de reducir el habla. La necesidad natural de comunicarnos lleva a otra necesidad más desmedida: la de comunicarnos continuamente. Pero, paradójicamente, mientras más hablamos y tratamos de decir más cosas, menos comunicamos. Ya decía Alfonso X el Sabio que “El mucho fablar face envilescer las palabras”.

Hay algunos aspectos en los que discrepamos con el autor, como cuando dice que “cuando hablo de otros, no me doy cuenta de que en realidad estoy hablando de mí mismo y de mis problemas. Y, en consecuencia, ello no me lleva a un mayor conocimiento de mí mismo...” pienso que, por el contrario, inclusive cuando hablamos de los demás o de cualquier cosa, si estamos atentos, podremos captar lo mucho que, indirectamente o entre líneas, hablamos de nosotros. Y mucho podemos conocernos en ese “oírnos” a nosotros mismos. Y es que cuando uno habla de otros, no puede evitar rondar -si no la toca ya de lleno- la realidad propia; digo esto a diferencia del autor, que piensa que al hablar de otros nos apartamos de esa realidad propia. Por otro lado, parece que, en lo que plantea el autor sobre las relaciones entre el mundo mental de uno y el silencio, el hablar supone una caída o concentración en una especificidad que nos desvía de la reflexión interior y la búsqueda espiritual, si nos encontramos en ella. Para tratar las cosas del mundo, en el mundo y con las demás personas, tenemos que hablar y comunicarnos, pero eso nos quita de esa situación de atenta y concentrada receptividad que es propia de un silencio cultivado metódicamente. ¿Qué hacer entonces? ¿“romper” el silencio o “guardarlo”?

Ni lo uno ni lo otro: hay que actuar según la situación. Pues, a pesar de la afinidad del silencio con la soledad, como de hecho somos animales sociales, el silencio no es tanto una estación permanente, sino un estadío temporal del cual debemos salir para comunicarnos con los demás. Esto es válido aún para aquellos que practican votos de silencio, el cual no les impide comunicarse de tanto en tanto con sus hermanos de comunidad religiosa o aún con otros si es necesario. Hay que “salir” del silencio para poder “regresar” a él. Y como muchas cosas en la vida, se trata de irse acostumbrando al silencio, primero poco y por poco tiempo, luego más y más, hasta que ya se convierte no sólo en algo poderoso que nos energiza, sino que lo necesitamos por la alegría, fuerza y comunión que en él alcanzamos. Es curioso como en las distintas tradiciones religiosas, y aún en las distintas religiones que sólo tras la modernidad han tenido contacto entre ellas, esta disciplina del silencio, observada por los más devotos de distintas maneras, presenta notables coincidencias, muy explicables si pensamos que en todos los casos el silencio es parte de un método para alcanzar una mayor conciencia y un mayor acercamiento a los objetivos de nuestra voluntad, como el de una mayor luz espiritual y un mayor contacto con las fuentes de nuestro ser.

Grün tambien señala los efectos terapéuticos del silencio, para aliviar las tensiones, el mal humor, el temor, etc. El silencio nos ayuda a distanciarnos de esas cosas porque pone una distancia entre nosotros y el resto de las cosas, y aún entre uno consigo mismo. El autor recurre frecuentemente a los ejemplos de los monjes de la Tebaida, que fueron grandes maestros espirituales, dados a las más duras disciplinas, y famosos por su “hesiquía” (silencio de corazón y de pensamiento). Y es que, ya una vez reducida el habla, y ya una vez callados del todo, queda el habla interna del yo, que puede ser tan perturbadora o más que el habla y el sonido externo. Esta última habla es la que quizá más cuesta dominar, porque precisamente tiene su asiento privilegiado en el silencio, y así, paradójicamente, puede que el hombre que está más en silencio lleve más “ruido” en su interior. Grün nos dice que para los monjes es este silencio interior el que cuenta, y su alcance permite precisamente el comienzo de la finalidad de la vida religiosa: entregarse en manos de Dios, meta de esta humildad. Por otro lado, cuando ya se van conquistando estos aspectos,... hay que volver a la palabra. Pues, como Grün lo recuerda, silencio y palabra no se oponen; y si hay que buscar el mejor silencio, también -ya que hemos de comunicarnos en algún momento- la palabra a expresar debe ser la mejor palabra. No alude ello, claro está, a complicados ejercicios retóricos, sino a algo mucho más sencillo y que cualquiera puede hacer, aunque pocos lo llegan a hacer, y es, sencillamente, decir lo que se tiene que decir, y como hay que decirlo. En toda esta ejercitación hay un aspecto que ayuda a alcanzar el silencio correcto y el habla correcta, y es el de saber desprenderse de uno mismo, o mejor dicho, desprenderse de la parte de uno que más obstaculiza hacer las cosas bien; esa parte incluye el deseo, la terquedad, la opinión, la pereza, etc. de tal modo que la búsqueda o lucha por la conquista de estos medios para ir mejor en el camino espiritual también supone una conquista moral en el individuo, a través del dominio de sí o ascesis, que en este caso no supone complicados ni rebuscados ejercicios, sino simplemente hablar lo que se debe y saber callar bien.

En este sentido, ya en la segunda parte, el autor nos habla del silencio como desprendimiento. Y ese desprendimiento lo es de todas aquellas cosas a las que nos aferramos más, aún habiéndolo perdido o entregado todo. Y esas cosas aferradas son los pensamientos y sentimientos que nos generan tensión y preocupación, y en cierto sentido, llegan a poseernos (pues, poseer el tiempo de nuestras mentes, ¿no es en cierto modo tenernos, y tenernos atados en lo que es más nuestro: nuestras facultades intelectuales?). Aquí debemos trabajar -siempre en silencio- para liberarnos de nuestras ilusiones. Y ello no significa que las echemos fuera, sino que podamos verlas en todo su valor como ilusiones,... y nada más. Porque no son nada más. En general, me parece que el autor menosprecia bastante las ilusiones (cosa que también es común en el budismo y el hinduismo). Yo creo que se las puede ver como móvil de muchas de nuestras acciones, y en este sentido, como componentes de la acción moral, religiosa, patriótica o social, pueden ser muy eficientes, al menos en niveles de acciones sencillas. Llega a referirse el autor al “silencio de muerte”, el cual, sin embargo, es excepcional -para algunos estados, para algunas ocasiones- y se refiere más a una situación en la cual nuestro yo ha llegado a ser lo suficiente inconmovible como para no recibir herida de las palabras y acciones de los demás... y de mi mismo. De ese modo, como dice el autor, “estoy en el mundo, pero sin ser del mundo” (p. 71). Todas estas definiciones nos van llevando de una perspectiva perfectamente común a la experiencia de cualquiera, a la perspectiva de una apertura a Dios, que es la tratada en la tercera parte del libro. Pues en esta apertura una de las principales acciones para unirse a Dios va a ser, precisamente, comunicarse con Dios. La oración, mental o vocal, será el medio que romperá el silencio para darle mayor sentido al silencio. Se prepara el mejor silencio que nos prepara para el acercamiento a Dios. La concentración en Dios debe complementarse con la lucha y superación de la soberbia, los pensamientos inoportunos, y aún la distracción, para entregarnos a Dios que es meta de todo este esfuerzo, y que trasciende aún este mismo silencio tan duramente alcanzado: “un silencio que se desentiende de sí mismo y de toda búsqueda de la experiencia y se abandona, confiado, en los brazos de Dios”.

Es interesante notar la coincidencia entre el pensamiento del autor y de otros que él cita de la tradición religiosa, con el pensamiento filosófico de Heidegger, en el tema del silencio como peregrinación. El peregrino no puede construir morada permanente, tiene que ir siempre caminando, y “el silencio, en cuanto renuncia al descanso hogareño es también renuncia al cálido abrigo que proporciona la palabra. En el silencio abandona uno la morada de la palabra” (p. 75) Ello se acerca mucho a lo que dice Heidegger sobre la palabra como morada del ser . Pero la referencia de Grün viene de la propia tradición católica, pues alude a San Ambrosio de Milán, quien “dice de la palabra humana que es morada, casa y acomodo: “Domus mentis prolativum verbum est. Mens in sermonibus habitat” (La palabra hablada es la casa del espíritu. El espíritu mora en el habla)” (Ibid, Cfr. AMBROSIO: De Abraham, CSEL, XXXII, 1, 565, 18).

El autor termina su obra recordándonos que el silencio es un modo de acceder a una verdadera paz; y desea a sus lectores que puedan descubrir que el silencio “sana el alma y la abre a Dios, para así unirse a él y liberarse de aquello que, en la vida y en las relaciones humanas, les impide acceder a su presencia”.

Luis Vivanco S.

Universidad del Zulia - Venezuela


Revista de Filosofía
ISSN 0798-1171 versión impresa

jueves 31 de julio de 2008

El conflicto del Uranio en Niger






















A medida que la demanda mundial de la energía nuclear aumenta, los analistas dicen que la gran cantidad de uranio en Níger no es un beneficio para la población del país, pero se suma a los graves problemas que enfrenta la región.
Níger, un país empobrecido en la franja sur del desierto del Sahara, tiene una de las más grandes reservas del mundo de uranio, la principal fuente de combustible nuclear.
Los entes locales y las organizaciones internacionales, dicen que la minería del uranio por empresas extranjeras ha causado daños ambientales y problemas de salud en el extremo norte del país.
Las operaciones mineras también están causando las tensiones políticas internas: una de las principales demandas de una milicia armada que ha sido en lucha contra el ejército de Níger desde febrero, el Movimiento para la Justicia de Niger (MNJ), reivindica una distribución más equitativa de los ingresos de la minería del uranio.

Pocos beneficios

Organizaciones de la sociedad civil en Níger y académicos en los EE.UU. y el Reino Unido indican que el pueblo de Níger no se han beneficiado de las 100.000 toneladas de uranio extraído en los últimos 36 años.
Níger se situa entre el tercer al quinto pais de producción de uranio, con más de 3.000 toneladas de uranio al año.
Sin embargo, según el Indice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas considera a Níger, el país más pobre del mundo, donde la esperanza de vida es de 45 años, el 71 por ciento de los adultos no puede leer, y el 60 por ciento de la población vive con menos de 1 dólar al día.
"En Niger las personas no se benefician de los ingresos", dijo Ali Idrissa, coordinador de la rama del Níger Publish What You Pay, una coalición mundial de organizaciones no gubernamentales (ONG) piden en el petróleo, el gas y la minería a las empresas a revelar sus los pagos a los gobiernos para la extracción de los recursos naturales.
El gobierno de Níger recibe una pequeña parte de los ingresos producidos en la extracción de uranio: las empresas extranjeras tienen una participación mayoritaria en las dos empresas de producción de uranio, SOMAIR y COMINAK, que son operados y propiedad de la mayoría de Areva, una empresa multinacional francesa y mundial gigante minero.
En julio, el gobierno renegoció el precio de su uranio, con un aumento por kilogramo a 40,000 francos CFA (86 dólares EE.UU.) para el año 2007. Sin embargo, en el plazo de una décadas de antigüedad del acuerdo, las dos empresas de producción sólo estaran obligadas a pagar el 5,5 por ciento de los ingresos para el gobierno de Niger. En 2006, Níger ólo recibió 10 millones de francos CFA (EE.UU. 22 millones de dólares), según el Ministerio de Minería y Energía.
El resentimiento es también cada vez más entre los miles de trabajadores mineros y las personas que viven cerca de los yacimientos mineros en el norte de la región de Agadez, que se quejan de condiciones de trabajo peligrosas y la exposición al envenenamiento radiactivo en la comunidad.
En agosto un movimiento de organizaciones de la sociedad civil presuntamente exigió que el Areva pagar 300 millones de francos CFA (EE.UU. $ 647 millones) en daños y perjuicios por años de exploración en "injusto e inicuo condiciones".
Una investigación de 2005 Sherpa, una red internacional de abogados que promover la responsabilidad social empresarial, encontró que los trabajadores del Níger en las minas de uranio no fueron informados de los riesgos para la salud; no recibieron los más elementales medidas de protección, y no siempre fueron tratados en caso de que desarrolló cáncer de pulmón . A largo plazo la exposición a la inhalación de radón, un gas formado por la descomposición de uranio, se ha relacionado con la aparición de cáncer de pulmón.
Otra organización no gubernamental francesa, CRIIRAD, encontró que el agua, el suelo y el metal de chatarra de la zona del Níger, donde dos minas se explotan son peligrosamente contaminadas con altos niveles de radiactividad.

Según Adamou Mamane Sani de la organización de la sociedad civil alternativa Espaces Citoyens, la extracción de uranio ha dañado el medio ambiente, la reducción de bosques y pastizales.
Areva siempre ha negado las acusaciones, y ha atribuido el elevado número de enfermedades a las duras clima desértico. En una declaración escrita enviada en respuesta a preguntas IRIN, Areva dijo que regularmente lleva a cabo auditorías externas se ocupan de la salud, medio ambiente y la seguridad, incluida una auditoría por el Instituto Francés de Seguridad Nuclear y Radiación Higiene (IRSN), que encontró la empresa que funciona dentro de las normas internacionales. Areva también ha dicho de ellos, se abrirá un centro de salud en torno a sus sitios.
"Las acusaciones de negligencia y falta de transparencia presentados contra [Areva] están en total contradicción con los hechos reales," dice el documento.

Fuente potencial de conflicto

A medida que la competencia general sobre los recursos en África aumenta - independiente con sede en Washington investigador Daniel Volman lo llama una "competencia global entre los EE.UU. y China para el acceso a los suministros de energía" - algunos analistas temen que el uranio en Níger también podría convertirse en una fuente de tensión.
De acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica, la demanda mundial de energía aumentará en al menos el 50 por ciento en los próximos 25 años y tendrá que ser cumplido por la mayoría no con los combustibles fósiles, sino con energía nuclear.
"EE.UU. y todos los demás países en desarrollo o industrializados, van a mirar a África como fuente de uranio", dijo Volman, que ha estado estudiando la política de EE.UU. hacia África y su abastecimiento energético. "Eso ya está empezando a ocurrir y se va a ampliar y aumentar".
Níger es el pais de África con mayores reservas de uranio, dominado por Areva durante años. El gobierno está tratando de diversificar sus socios y ha distribuido más de 100 permisos para la exploración de Canadá, EE.UU., China, India y otras compañías en el último año.

Las guerras de uranio

Históricamente, la inestabilidad en la región del Sahel se ha debido a factores distintos de la explotación de los recursos. Pero en Níger, el uranio es parte de una potencialmente volátil mezcla de factores, entre ellos los EE.UU. guerra contra el terrorismo, la rebelión en el norte y la política del gobierno de no negociación con los rebeldes.
Independiente Volman investigador advirtió que la presencia de los recursos naturales conduce a los gobiernos extranjeros a proporcionar apoyo militar y financiero a los países ricos en recursos con el fin de mantener garantizado el acceso a esos recursos. Los EE.UU. ya está proporcionando formación militar para oficiales de Niger. Níger ya ha participado en otros equipos militares de programas ofrecidos por los EE.UU. en el pasado.
Volman dijo que la creciente militarización conduce a los gobiernos a ser más agresivos hacia sus propios ciudadanos y sus vecinos. "El Consejo alienta a la represión interna. También alienta a los países a invadir a sus vecinos"
Desde febrero, el MNJ grupo rebelde ha sido atacar puestos militares y algunas empresas mineras extranjeras, causando la muerte de al menos 45 soldados y el secuestro un trabajador chino de uranio antes de él sanos y salvos. En julio, el MNJ aconseja a todos los extranjeros que trabajan en la minería de los recursos naturales para salir de las zonas de conflicto "por su propia seguridad".
Cuando se le preguntó si la existencia de uranio pueda conducir a una guerra regional, Idrissa del Publish What You Pay dijo: "Con el interés del uranio que tienen ciertos poderes, todo es de temer."